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La ruptura de los índices norteamericanos nos sitúa ante la fase más intensa de la corrección.

La ruptura de los índices norteamericanos de los niveles de soporte que habían aguantado a lo largo del año hace muy improbable la posibilidad de un suelo cercano. Al contrario, el escenario más probable ahora es la continuidad de la fase bajista hacia los mínimos de 2016 en el caso de los índices europeos (- 10% respecto a niveles actuales) y con un objetivo más incierto aunque de un orden de magnitud similar en el caso de EEUU.

Los índices norteamericanos han roto con violencia los niveles de soporte que veníamos considerando críticos. Por debajo de ellos no hay niveles claros hasta muy lejos, por lo que la única referencia que podemos manejar son los niveles de retroceso de Fibonacci más habituales en las correcciones. Asumiendo que el S&P 500 está desarrollando una corrección al ciclo alcista desde febrero de 2016, los objetivos de caída más probables serían el 2.390 (50% de retroceso) y el 2.250 (61,8% de retroceso). La alternativa sería considerar que estamos corrigiendo no sólo el proceso alcista desde 2016 sino todo el proceso alcista desde 2009. En este caso la corrección podría llevarnos a la banda 2.150-1.850.

El trasfondo de esta fase correctiva recuerda al del crash de 1987. Y no porque esperemos un crash, que no lo esperamos, sino porque se trata de una corrección muy intensa sin una justificación económica detrás en apariencia. Al contrario que en 2008-09, por ejemplo, ahora Noel entorno económico y financiero es muy positivo y no existen indicios de que esto vaya a cambiar drásticamente. Al igual que en 1987, sin embargo, la Bolsa (en EEUU) acumula una subida muy intensa en los últimos años sin apenas correcciones y este es un entorno propicio para una corrección técnica intensa y violenta como la que estamos teniendo. Lo positivo de un escenario de este tipo es que una vez el mercado se haya limpiado y encuentre un suelo definitivo cabe esperar que el proceso de recuperación sea también relativamente rápido ya que las condiciones de la economía en principio seguirán siendo favorables.

Los índices europeos últimamente están cayendo con menos fuerza que los norteamericanos algo que hace muchos años no sucedía. Desde luego que mientras la corrección en EEUU continúe no cabe esperar una recuperación en Europa sostenible. Pero si lo vemos como un indicio positivo en el sentido de que el mercado no parece estar descontando una gran crisis económica pues en ese caso los índices de mayor riesgo (Europa, Emergentes) estaría cayendo mucho más que EEUU.

Los índices europeos últimamente están cayendo con menos fuerza que los norteamericanos algo que hace muchos años no sucedía. Desde luego que mientras la corrección en EEUU continúe no cabe esperar una recuperación en Europa sostenible. Pero si lo vemos como un indicio positivo en el sentido de que el mercado no parece estar descontando una gran crisis económica pues en ese caso los índices de mayor riesgo (Europa, Emergentes) estaría cayendo mucho más que EEUU.

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Comentario de mercado

El mercado prolonga su fase de turbulencias. El principio de acuerdo en la Cumbre entre Trump y Xi Jinping dio un respiro al mercado pero de escasa duración. Al final el acuerdo ha consistido simplemente en darse un plazo hasta marzo para intentar llegar a un acuerdo que evite que EEUU imponga unos aranceles generalizados del 20% a las importaciones de China. El otro factor de incertidumbre política como es el Brexit sigue igualmente sin encontrar una solución definitiva. La votación clave del Parlamento sobre el acuerdo alcanzado entre Theresa May y la UE ha sido aplazada ante la evidencia de que no tenía los apoyos suficientes para ser aprobado. Se mantiene por tanto la incertidumbre máxima y el riesgo de un Brexit desordenado que tendría graves consecuencias en los mercados.

Los bancos centrales señalan una política monetaria menos agresiva en 2019. El debilitamiento de la economía en algunas zonas como China y Europa ha propiciado un cierto cambio en el lenguaje de los bancos centrales recientemente. Por un lado la Fed parece estar cerca de entrar en una fase de pausa en su proceso de subidas de tipos, a la que le podría quedar solamente una o dos subidas. Por su parte el BCE ha confirmado el fin del programa de compra de Bonos pero al reconocer que los riesgos bajistas de la economía han aumentado, parece descartar subidas de tipos al menos hasta 2020. Los mercados no han reaccionado de forma muy favorable a estos anuncios porque de momento sigue pesando más el temor a una desaceleración que un entorno monetario más benigno. En general seguimos viendo el debilitamiento de los indicadores económicos en Europa como una desaceleración normal dentro de una fase expansiva y no como el anticipo de una recesión.

Paciencia en espera de tiempos mejores. El año 2018 se ha caracterizado por la gran divergencia entre el entorno de crecimiento de la economía global y los beneficios empresariales y el mal comportamiento de los índices bursátiles. Los inversores parecen temer que las tensiones políticas acaben teniendo consecuencias negativas para el ciclo económico y se mantienen a la espera de precios más bajos o de que remitan esas incertidumbres. Poco se puede hacer ante esto salvo sumarse a la corriente defensiva o esperar a que en los próximos meses vuelva la confianza al mercado. Las bajas valoraciones deberían favorecer una próxima recuperación aún en el supuesto de que se confirmara una desaceleración global más intensa de lo esperado.

La desaceleración de la economía europea. A principios de 2017 las previsiones medias de los economistas recopiladas por Bloomberg estimaban un crecimiento del PIB de la Eurozona del 1,60% en 2018 y del 1,40% en 2019. A mediados de 2017 entramos en un período de aceleración del crecimiento y las previsiones se fueron revisando al alza de forma consistente. En abril de 2018 los crecimientos esperados eran del 2,40% en 2018 y del 2,00% en 2019. A partir de ahí se produce un punto de inflexión y las previsiones empiezan a revisarse a la baja. Actualmente las previsiones apuntan a un crecimiento del 1,90% en 2018 y del 1,60% en 2019, más o menos las que había al iniciarse el año. Visto en perspectiva puede decirse que hemos pasado una breve fase en la que la economía europea ha mantenido unas tasas de crecimiento bastante elevadas -claramente por encima de su potencial a largo plazo- a una vuelta a la normalidad del ritmo de crecimiento sostenible que cabe esperar en la eurozona. El temor en los mercados ahora es que esta desaceleración no se pare aquí y la economía entre en un parón más intenso. No lo vemos probable pero es posible que las dudas en los mercados no desaparezcan hasta que las previsiones de crecimiento se estabilicen y permitan confiar en un escenario de crecimiento para los próximos años.

Tasas oficiales de los bancos centrales vs rentabilidades de Mercado. Los bancos centrales en el ejercicio de la política monetaria controlan las tasas oficiales que tienen que ver con los tipos de interés a las que prestan dinero a los bancos y retribuyen los depósitos de éstos en el banco central. En el caso del BCE las principales son la tasa de la facilidad de depósito (depósitos a 1 día) la tasa de las operaciones principales a 1 semana (préstamos normales a 1 semana) y la tasa de la facilidad marginal de crédito (créditos adicionales a las operaciones principales que se dan a los bancos a 1 día a un interés superior). En resumen, el tipo de interés principal del BCE es el de las operaciones principales por medio de las cuales inyecta o detrae liquidez del mercado cada semana y en condiciones normales marcaría el suelo de los tipos de interés a corto plazo. La tasa de depósito sería la remuneración de los depósitos y es siempre algo inferior al Repo, mientras que la tasa de la facilidad de crédito se sitúa por encima del REPO ya que son créditos extraordinarios que los bancos necesitan más allá de la financiación normal que quiere dar el BCE. En el gráfico siguiente se observa la evolución de las tres tasas oficiales del BCE desde 2012 que actualmente están en el -,040% (Depo), 0,00% (Repo) y +0,25% (crédito marginal). Superpuestos a ellas aparece la evolución de la rentabilidad de los bonos alemanes a 2 y 10 años, actualmente al -0,60% y +0,25% aproximadamente. La rentabilidad de los bonos no la decide el banco central sino que es consecuencia de la acción de la oferta y la demanda. A su vez éstas se ven afectadas por factores diversos como la inflación, liquidez, propensión al riesgo de los inversores y las propias tasas oficiales del BCE, en todos los casos tanto su situación actual como las expectativas futuras. En condiciones normales la tasa del Repo del BCE, actualmente en el 0,00%, marcaría el suelo de las rentabilidades de mercado que serían más elevadas cuanto mayor sea el plazo de vencimiento del activo.

El BCE mantiene el objetivo de normalización monetaria, pero el mercado se mantiene escéptico. Como puede verse en el gráfico la situación en la Eurozona sigue lejos de la normalidad pues la rentabilidad de los bonos a 2 años (-0,60%) está muy por debajo del Repo e incluso de la tasa de los depósitos del BCE. Desde los mínimos de 2017 la rentabilidad ha subido un poco pero tan ligeramente que es casi imperceptible. Puede achacarse esta situación en parte al exceso de liquidez propiciado por el QE, pero sin duda sigue reflejando un marcado pesimismo sobre el crecimiento económico y la inflación en Europa en los próximos años. Puede decirse que la Eurozona corre el riesgo de caer en una cierta “japonización” de la economía que se traduzca en un escenario de crecimiento débil e inflación baja en los próximos años. El BCE en su reunión de esta semana ha reconocido que los riesgos para la economía han girado algo a la baja aunque mantiene en lo esencial el escenario de crecimiento para los próximos años y el objetivo de inflación cercano al 2%. La lectura del mercado, sin embrago, parece haber sido de que el inicio de las subidas de tipos previsto para el 4º trimestre de 2019 se retrasa y que el ritmo será todavía más lento de lo que se pensaba. El comportamiento de la Bolsa europea parece consistente con este pesimismo sobre el crecimiento futuro y la dificultad de llevar a cabo la normalización monetaria que persigue el BCE. Una visión algo más optimista es que la situación actual de los mercados europeos es consecuencia en buena parte de las incertidumbres políticas (Brexit, guerra comercial…) y que cuando estas desaparezcan todo cambiará. Desde luego en este momento la situación de las Bolsas europeas es muy incierta con muchos factores para el pesimismo pero en los próximos dos o tres meses vamos a comprobar si el pesimismo se disipa o bien se confirman los temores. Una estabilización de los indicadores europeos, una solución para el Brexit y una suavización de las tensiones entre EEUU y China podrían obrar el milagro. Se trata simplemente de que los inversores confíen en que Europa va a mantener un escenario de crecimiento razonable y que el BCE va efectivamente a normalizar la política monetaria de la forma que lo ha hecho EEUU en estos últimos años.

La Fed da algunas señales de pausa en el proceso de subidas de tipos. Los tipos de mercado tienden a anticipar los movimientos de los bancos centrales. En 2007 la rentabilidad de los bonos a 2 años en EEUU se situó claramente por debajo de la tasa oficial de la Fed (curva invertida) anticipando que se acercaba un ciclo de rebajas de tipos. En los años de tipos cero la rentabilidad a 2 años se mantuvo pegada a los Fed Fund, hasta que unos meses antes del anuncio del fin del QE empezó a subir poco a poco. A partir de ahí, los bonos a 2 años han ido subiendo su rentabilidad manteniéndose siempre por encima de los Fed Funds, anticipando así la senda alcista de éstos. De momento siguen anticipando más subidas aunque en las últimas semanas parece haberse producido un punto de inflexión. Las declaraciones de Powell en el sentido de que los Fed Funds estarían ya cerca de su nivel neutral han transmitido la idea de que la Fed puede entrar en modo de pausa tras una o dos subidas más. Si en la reunión de la Fed de la semana que viene se confirmase esa impresión es probable que las rentabilidades de los plazos más cortos tiendan ya a estabilizarse en espera del final del proceso de subidas de tipos.

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Los índices norteamericanos aguantan, Europa sigue su deriva bajista.

Los mercados siguen en fase de incertidumbre con intentos de recuperación que no se consolidan y recaídas que mantienen de momento la presión bajista en el mercado.

La situación general es que desde principios de año se está desarrollando una fase correctiva en los índices bursátil que de momento no ha dado señales de haber finalizado. En los índices norteamericanos esta corrección se está desarrollando en forma de un movimiento lateral con unos niveles de soporte muy definidos (S&P 500 2.550, Dow Jones 23.500, Nasdaq Composite 6.600). Mientras esos niveles no sean rotos la tendencia principal del mercado norteamericano es alcista y cabe esperar que el movimiento al alza se reanude en próximos meses.

En Europa, sin embargo, la situación es más complicada. La corrección de los últimos meses se está desarrollando por un canal bajista lo que implica que con el paso del tiempo se van alcanzando niveles inferiores. Esta semana, concretamente, los principales índices europeos han roto a la baja el rango de consolidación de las últimas semanas amenazando con un nuevo tramo bajista importante.

El Eurostoxx 50 se encuentra todavía en una zona de soporte potencial, sobre el 3.070, donde confluyen la directriz alcista de largo plazo, la base de su canal bajista de los últimos meses y el retroceso del 61,8% del proceso alcista de 2016-17. Se abren dos posibles escenario para los próximos meses:

En la medida en que los índices norteamericanos sigan aguantando por encima de sus soportes, todavía sería posible que los índices europeos tiendan a estabilizarse en sus niveles actuales pese a la caída de esta semana. Si el Eurostoxx 50 aguanta en la zona del 3.070 podría entrar en un proceso de estabilización que en algún momento en los próximos meses deje paso a una recuperación sostenida.

La alternativa es que el proceso bajista actual se prolongue todavía algunos meses y los índices europeos acaben cayendo a la zona de mínimos de 2016 (Ibex 7.800, Eurostox 50 2.700, etc.) que implicaría caídas adicionales del orden del 10% en Europa. Las incertidumbres sobre la guerra comercial con China y el Brexit va a ser difícil que se resuelvan hasta febrero/marzo lo que apunta a que, en el mejor de los caso, podríamos asistir a un mercado en fase de estabilización hasta entonces. En el peor, a la continuidad de la deriva bajista actual.

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Comentario de mercado

Pocas posibilidades de un acuerdo real en la Cumbre Trump-Xi Jinping en Buenos Aires. Probablemente el factor de mayor peso entre las incertidumbres que están afectando a los mercados en los últimos meses sea la “guerra comercial” entre EEUU y China. La Cumbre del
G20 en Buenos Aires este fin de semana es el marco elegido para una reunión entre los presidentes de EEUU y China en la que tratarían de alcanzar un acuerdo en temas comerciales que evite la implementación masiva de aranceles entre ambos países. No hay un gran optimismo respecto a un “acuerdo final” que resuelva “definitivamente” el asunto de la guerra comercial. El asunto es muy complejo e implica cuestiones de alcance estructural que no pueden resolverse de un día para otro. El escenario más positivo sería un acuerdo sobre un marco de negociaciones continuo en el futuro que congele de momento la adopción de aranceles. Pero aún esto es dudoso que suceda este fin de semana. Lo que está en juego en la disputa entre EEUU y China va mucho más allá que una disputa sobre el desequilibrio comercial entre ambos países. Se trata de un conflicto de intereses entre dos superpotencias que muy probablemente se va a mantener en el tiempo de forma indefinida. La cuestión es si en algún momento los mercados van a desligarse de esta cuestión asumiendo que el enfrentamiento entre ambos no es incompatible con la expansión de la economía global.

Un año 2018 decepcionante para las Bolsas, un 2019 mejor? . Los buenos augurios con los que se inició el año 2018 se han visto totalmente defraudados a lo largo del año, particularmente en Europa. No ha sido un año de crisis, pero sí de decepción ante el mal comportamiento del mercado pese a un comportamiento muy positivo de los beneficios empresariales. La desaceleración de los datos macro en Europa no parece suficiente para explicar de debilidad de las Bolsas pues en general las expectativas apuntan a la continuidad del crecimiento en próximos trimestres. Una vez más hay que recurrir a incertidumbres sobre el futuro que parecen haber paralizado a los inversores por el efecto potencial negativo que puedan tener en el futuro. La guerra comercial es sin duda una de ellas, pero también el Brexit y las eternas dudas sobre el proceso de integración europea con la amenaza ahora de Italia y unas próximas elecciones europeas que van a medir el nivel del populismo antieuropeo. Dado que en genera estas cuestiones van a prolongarse en el tiempo en próximos meses/años.

¿Trato en Buenos Aires? Como el showman que le caracteriza, Trump está manteniendo al mundo en suspense sobre si dará el siguiente paso en la escalada de aranceles en que está inmerso o habrá una tregua. La decisión se conocerá este fin de semana. Aparentemente hay posibilidades de un resultado optimista a juzgar por algunas declaraciones recientes de Trump: “Creo que llegaremos a un acuerdo. Lo sabremos muy pronto”. Desgraciadamente, es difícil que el posible acuerdo que se anuncie sea algo más que una pausa táctica, que permita un respiro a los mercados, pero sin un efecto material duradero en lo que se percibe como un deslizamiento hacia una competencia geo-política entre EEUU y China.

Xi no ha avanzado realmente hacia una apertura del modelo chino. Por un lado es innegable que en sus cinco años de mandato el giro autoritario de Xi y su creciente ambición para que China juegue un papel influyente en el mundo hacen muy difícil que pueda producirse un entendimiento estable entre ambos países. La visión de Xi sobre el ascenso de China y lo que EEUU puede considerar aceptable para el futuro de Asia y el resto del mundo parecen difícilmente compatibles. Las buenas palabras de China sobre la apertura de su economía nunca se llevan a la práctica por lo que su posición de defensor de la globalización y el libre comercio carece de credibilidad. Visto desde EEUU al menos, lo que se observa es una creciente aspiración a convertirse en la potencia regional que quiere exportar su modelo a través de proyectos de índole económica como la “nueva ruta de la seda” o la oferta de financiación para inversiones a sus vecinos o no tan vecinos.

Encontrar un equilibrio entre la firmeza y la colaboración. En EEUU existe un gran consenso sobre la necesidad de obligar a China a aceptar la reciprocidad en los intercambios económicos y financieros, defenderse de la apropiación indebida de tecnología etc. Queda la duda de si Trump va a optar por anunciar un acuerdo, como una simple táctica para ganar imagen, o va a redoblar su presión sobre China hasta conseguir los objetivos que se persiguen, que no son otros que obligar a China a renunciar a su objetivo de convertirse en una superpotencia mundial amenazante para el orden económico liberal. Ahora mismo parece muy improbable que China vaya a iniciar el cambio que se le exige por lo que un auténtico acuerdo duradero es imposible. Posiblemente dentro de unos años, con otro dirigente en China, pueda pensarse en ese acuerdo pero hasta entonces lo mejor que puede pasar es una mezcla de firmeza y acuerdos para evitar desestabilizar la economía mundial y que China pueda realmente evolucionar hacia un modelo menos autoritario y más abierto del que actualmente se empeñan en mantener. EEUU tiene que mantener la competencia estratégica con China, pero competencia no significa confrontación ni mucho menos guerra. Más bien debería mantener el diálogo con china para poder manejar potenciales crisis y buscar oportunidades de colaboración en áreas de intereses comunes como por ejemplo el cambio climático.

Los mercados ante la competencia/confrontación. La eventual continuidad de las disputas entre China y EEUU en los próximos años no significa que los mercados estén condenados a seguir en la tónica negativa de los últimos meses. La clave aquí es que pueda vislumbrarse que vamos a un escenario de competencia y no de confrontación. La competencia, incluyendo aranceles “razonables”, es compatible con la continuidad de la expansión de la economía en los próximos años. Por eso creemos que el pesimismo que se ha instalado en los mercados europeos en estos meses podría muy bien disiparse poco a poco a medida de que los inversores vuelven a confiar en ello.

2018, de la euforia a la decepción. El año 2018 se inició en un clima de euforia generalizada en los mercados. A lo largo de 2017 la economía global fue acelerando su crecimiento y por primera vez desde la Gran Recesión de 2008-09 atravesamos una fase de crecimiento sincronizado en las principales áreas geográficas del planeta. Las importantes subidas de los índices bursátiles a lo largo de 2017 se aceleraron en las últimas semanas ante las expectativas de la aprobación de la reforma fiscal en EEUU y continuaron en los primeros días de 2018. Las expectativas para el año eran muy optimistas, tanto en lo que se refiere a la evolución de la economía como de los mercados, pero la realidad ha sido bastante diferente. El clima de euforia que se vivió a finales de 2017 y principios de 2018 resultó ser el clásico entorno que marca un techo en los mercados. Los máximos registrados en enero han resultado ser los máximos anuales en la mayoría de índices y desde entonces, con la excepción de EEUU, el resto del año ha transcurrido en un entorno suavemente bajista en los mercados con el telón de fondo de una cierta pérdida de impulso en la economía global. Sigue leyendo

Los índices inician un intento de estabilización, aunque el riesgo bajista persiste.

Tras un primer rebote desde finales de octubre los índices han vuelto a caer a la zona de mínimos donde están intentando estabilizarse de nuevo. Este movimiento en principio es consistente con lo que podría ser un proceso de estabilización que deje paso en próximas semanas a un proceso de formación de un suelo. Los riesgos bajistas, sin embargo, no han desaparecido todavía y se mantiene abierta la posibilidad de que la fase correctiva se prolongue todavía hacia niveles inferiores.

La situación de los índices norteamericanos parece más clara en el sentido de que tenemos unos niveles de soporte muy definidos dentro de una tendencia alcista clara desde hace años. En este sentido el análisis es más sencillo: mientras esos soportes no sean rotos (S&P 500 2.550, Dow Jones 23.500, Nasdaq Composite 6.600) asumimos que estamos en una fase de corrección lateral desde principios de año que dejará paso más adelante a un nuevo proceso alcista dentro de su tendencia de largo plazo. Podemos decir que de momento se trata de una corrección técnica normal que no parece anticipar un deterioro de la economía.

El comportamiento de los índices europeos en el corto plazo ha sido similar, con un primer rebote que ha sido retrocedido totalmente. La diferencia es que la fase correctiva no está siendo lateral como en EEUU, con un nivel de soporte muy definido, sino que tiene un sesgo bajista lo que hace más difícil tener un objetivo claro sobre su finalización. Estamos manejando dos posibles escenarios: un suelo en los niveles actuales (61,8% de retroceso del ciclo alcista de 2016-18) o bien una caída más profunda hasta los mínimos de 2016 lo que implicaría una caída adicional de un 10% aprox. En el primer caso el proceso de suelo será seguramente prolongado por lo que esperaríamos un proceso de estabilización en próximas semanas como paso previo a una recuperación sostenida.

Un análisis sectorial de la Bolsa europea nos permite distinguir tres grandes grupos de sectores en diferente situación técnica:

  • Los sectores cíclicos en general están en clara tendencia bajista desde hace meses y de momento no se aprecian indicios de un suelo. El factor más positivo es que se están acercando a niveles de soporte muy importantes (en general los mínimos de 2016) en los que es razonable esperar un proceso de formación de un suelo. Podrían faltarles un 5-10% de caída si apuran hasta los soportes.
  • Los sectores de crecimiento que han liderado las subidas han entrado en una fase correctiva bstante intensa recientemente aunque dentro de estructuras alcistas de largo plazo. La dificultad aquí es que nos tenemos referencias claras de soporte para anticipar un suelo. En general creemos que todavía podrian caer algo más.
  • Los sectores defensivos en general parecen haber hecho suelo y podría ser el contrapeso que permite que los índices se mantengan en sus niveles actuales mientras los sectores anteriores completan sus fases correctivas.

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Comentario de mercado

Brexit: un acuerdo todavía en el aire. Los negociadores del Brexit de la Unión Europea y el Reino Unido han firmado un pre-acuerdo de divorcio que elimina el riesgo de una ruptura radical el próximo 31 de marzo, fecha límite para el acuerdo. El documento ha sido aprobado por el Gobierno de Theresa May aunque a costa de la dimisión de cinco ministros (de un total de 22) en desacuerdo con los términos. Se trata de ministros del ala más pro-Brexit del partido conservador que consideran que el acuerdo no supone una auténtica salida de la Unión Europea. Esta contestación interna plantea serias dudas sobre su aprobación por el Parlamento dentro de unas semanas, el último y decisivo escollo. Un eventual rechazo en el Parlamento dejaría básicamente tres opciones: una ruptura sin acuerdo, nuevas elecciones y volver a empezar de cero, o un nuevo referéndum. Quizás el mejor argumento para esperar una aprobación es que ninguna de estas alternativas parece llevar a alguna parte.

Intento de estabilización en los mercados. Desde finales de octubre los mercados han entrado en una fase de estabilización aunque todavía no está claro que esto pueda ser el inicio de una recuperación sostenida. La intensa caída del mes de octubre ha creado las condiciones para una fase de rebote de corto plazo al menos. Ahora se trata de ver si las incertidumbres que están detrás de las caídas del mercado en los últimos meses pueden empezar a resolverse poco a poco. Además del Brexit, en próximas semanas está previsto un encuentro entre los presidentes de EEUU y China en el que podría anunciarse algún avance en esta cuestión. Difícilmente será un acuerdo absoluto que resuelva para siempre las disputas comerciales entre ambos países. China ha dejado de ser un simple competidor y se ha convertido en un rival estratégico que utiliza todo tipo de armas y estrategias para desbancar a EEUU de su trono. Desde el país asiático, por su parte, se considera que EEUU sólo quiere frenar el legítimo desarrollo de China. Hay aquí por tanto un nuevo modelo de relación “conflictiva” entre ambos países que se mantendrá indefinidamente. La cuestión no es tanto que esas tensiones desaparezcan sino que en algún momento los mercados puedan volver a confiar en que la economía puede seguir su curso pese a ellas, como sucedió en todo el período de la guerra fría entre EEUU y la Unión Soviética.

El pre-acuerdo de divorcio entre la UE y el Reino Unido. Los principales puntos del acuerdo pueden resumirse en los siguientes:

Transición: el Reino Unido permanecerá en un período de transición desde su salida efectiva el próximo 31 de marzo hasta finales de 2020. En este tiempo perderá todos sus derechos de voto e influencia pero el resto se mantendrá igual: todo el territorio del Reino Unido seguirá formando parte de la unión aduanera europea, los ciudadanos europeos mantienen su derecho a vivir y trabajar en el Reino Unido, etc. Este período podrá además alargarse si el Reino unido quiere y lo solicita antes de junio de 2020.

Relación futura: está sin definir pero el objetivo sería negociar un área de libre comercio entre la UE y el Reino Unido. Este era uno de los grandes objetivos del Brexit, sin embargo, este acuerdo estará unido a la aceptación por el Reino Unido de toda la normativa interna europea sobre comercio lo que en la práctica implicará una soberanía muy limitada en materia de comercio exterior para evitar una competencia desleal de los británicos.

Sector financiero: el acuerdo implicará cierta pérdida de status de la “city” como el principal mercado financiero europeo tras el período de trnasición. Las relaciones estarán basadas en el principio de “equivalencia” que se viene aplicando a los bancos de terceros países lo que supondrá que muchos bancos con sede actualmente en la City tendrán que abrir oficinas en algún país europeo trasladando parte de sus activos y actividad.

Irlanda: durante el período de transición seguirá sin haber frontera entre Irlanda del norte y la República de Irlanda. Al final de ese período si se quiere mantener la frontera abierta el Reino Unido tendrá dos opciones: prolongar el período de transición o mantenerse en la unión aduanera renunciando por tanto a tener su política comercial propia. Sigue leyendo

Tenemos un suelo de corto plazo al menos. En Europa es todavía muy dudoso que pueda ser el final de la corrección de los últimos meses. Hacen falta más evidencias.

En los últimos días se ha ido desarrollando un rebote significativo en los índices bursátiles. En el caso de EEUU el rebote está siendo de una gran intensidad y además se ha iniciado cerca de la zona de soporte clave que mantiene intacta la tenencia alcista del mercado desde 2016. En este sentido, parece razonable asumir que al menos puede ser el inicio de un proceso de formación de un suelo. Visto con perspectiva la brusca caída de los índices norteamericanos en las últimas semanas puede verse como una segunda fase de la corrección que se inició primeros de año. En conjunto vemos una fase correctiva lateral que ha respetado la directriz alcista del ciclo que arranca a principios de 2016. Ahora estaríamos bien iniciando un nuevo tramo alcista a nuevos máximos, bien en un proceso de formación de un suelo más prolongado pero respetando la zona de soporte que está muy definida en los índices americanos (S&P 500 2.550, Dow Jones 2.350, Nasdaq Composite 6.800). Obviamente la eventual ruptura de esos niveles descartaría el escenario que estamos asumiendo e implicaría un importante riesgo bajista.

En Europa la situación es más compleja y de momento no permite descartar una profundización de la corrección más adelante. En primero lugar la estructura de los índices europeos en el largo plazo no es todavía alcista y se mantiene en amplios movimientos laterales desde el año 2000. Recientemente los índices se han frenado una vez más al llegar a sus resistencias clave de largo plazo y mientras no sean superadas (más o menos los máximos de 2017) el riesgo de una fase bajista más o menos importante no es descartable.

Por otra parte, desde finales de 2017 los índices europeos se encuentran en clara tendencia bajista. El actual rebote tiene como indicio positivo que se ha iniciado en muchos índices en el nivel que supone un retroceso del 61,8% del ciclo alcista de 2016-17. Este es un porcentaje habitual en muchas correcciones y podría ser un argumento para tener la esperanza en que estemos iniciando un proceso de suelo. Pero todavía no es suficiente. Sería necesario que se superaran las primeras zonas de resistencia que mantienen la estructura bajista en los últimos meses (Eurostoxx 50 3.400, Daxk 5.550, Ibex 9.650 …)

Los indicadores de sentimiento no son del todo concluyentes, pero al menos sí permiten pensar en una fase de rebote/consolidación más prolongada en próximas semanas. El tono general de pesimismo en estas últimas semanas ha sido bastante elevado, en particular en Europa. Revisiones a la baja del crecimiento, expectativas de fin de ciclo en EEUU, un clima político enrarecido, etc. En general podría ser un entorno propicio para un suelo aunque tendríamos más confianza si el proceso se prolonga un tiempo.

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Comentario de mercado

EEUU: un ajuste de valoración en los sectores de alto crecimiento. Como suele ser habitual en las fases de corrección de los mercados, a medida que las caídas se han profundizado se ha ido extendiendo un sentimiento de pesimismo sobre el ciclo económico como justificación de las caídas. En el caso de EEUU, donde la economía crece a tasas elevadas y los indicadores no muestran indicios de debilidad, el pesimismo se centra más bien en la posibilidad de que los beneficios de las empresas puedan estar cerca de un techo después del fuerte crecimiento de los últimos trimestres. No hay realmente muchos indicios de ello pero es indudable que las tasas de crecimiento van a tender a moderarse en próximos trimestres lo que ha puesto en marcha un ajuste de valoración en los sectores de crecimiento que vienen liderando la subida del mercado en los dos últimos años.

Europa: la desaceleración de la economía se prolonga al tercer trimestre y plantea ciertas dudas sobre el crecimiento futuro. En Europa se puede decir que la corrección se inició ya a mediados de 2017 y la reciente caída de la Bolsa norteamericana no ha hecho sino acelerarla. El entorno macro se ha debilitado a lo largo del año y, aunque de momento se mantienen las expectativas de crecimiento para los próximos años, la persistente desaceleración de los indicadores unida al mal comportamiento de la Bolsa han puesto en alerta a los inversores. Dentro de este escenario los datos del PIB del tercer trimestre en España muestran una importante resiliencia con una demanda interna que se mantienen sólida y un sector exterior afectado negativamente por la desaceleración de algunos de nuestros principales socios comerciales.

A la espera de la resolución de cuestiones políticas clave. El mes de noviembre puede traer novedades en algunos de los frentes que han pesado negativamente en el mercado en los últimos meses. Hay indicios de algún acercamiento entre EEUU y China que podría concretarse próximamente, si no en una resolución total del conflicto, al menos en una suavización del mismo. Por otra parte las negociaciones sobre el Brexit deberían llegar también a un acuerdo sobre la ruptura que elimine del escenario la posibilidad de una ruptura sin acuerdo que tendría efectos muy negativos en el mercado a corto plazo.

El ciclo de la economía norteamericana a través del ISM. El índice ISM manufacturero es un índice que mide el nivel de actividad de las empresas industriales en EEUU por medio de encuestas mensuales a más de 300 compañías. Las encuestas preguntan a las compañías si en el mes actual el nivel ha sido superior, inferior o igual al del mes precedente sobre aspectos diversos como: producción, empleo, nuevos pedidos, inventarios y suministros. La cifra del índice recoge el promedio de las respuestas positivas más ½ de las que responden que no ha habido cambios. Valores superiores a 50 se asocian a expansión de la economía, entre 45 y 50 estancamiento y por debajo de 45 sería indicativo de recesión. Este índice tiene propiedades de indicador adelantado y tiende a anticipar el comportamiento del PIB en algunos meses. Si vemos su situación actual en los últimos trimestres la economía norteamericana ha atravesado una fase de clara aceleración desde 2016 con el PIB alcanzando tasas de crecimiento del 3% y el índice ISM estabilizándose en niveles muy elevados que implicarían que el crecimiento se va a mantener elevado en próximos meses. Sigue leyendo

La corrección se ha instalado en todos los índices mundiales. Puede necesitar todavía un 5-10% adicional para completarse.

Desde finales de septiembre una intensa corrección se ha instalado en el mercado afectando de forma generalizada a la mayoría de índices mundiales. Las caídas en este período son del orden del 10% en promedio pero superiores en índices como el Nasdaq y otros más expuestos a valores cíclicos o de crecimiento. El detonante ha sido la brusca corrección de la Bolsa americana que ha arrastrado al resto de índices.

Los índices norteamericanos estaban en territorio de máximos históricos. La corrección actual puede interpretarse como una corrección al últimos ciclo alcista desarrollado desde febrero de 2016 hasta los máximos recientes. En principio el objetivo teórico de esta corrección en el caso de EEUU sería volver a la zona de mínimos que dejaron en la caída de febrero/marzo (S&P 500 2.550, Nasdaq 6.200, etc.), Estas caídas implicarían retrocesos adicionales del 5-10% según los índices. Podríamos asumir por tanto que la corrección ha hecho ya 2/3 de su recorrido y que en próximas semanas asistiríamos al proceso final de caídas y formación de un suelo.

El problema en el caso de los índices norteamericanos vendría si se rompieran esos niveles. Aunque no es el escenario que vemos más probable no hay que perder de vista el hecho de que el mercado alcista en EEUU lleva un desarrollo muy largo. En este sentido la eventual ruptura de esos niveles plantearía la posibilidad de que estuviéramos corrigiendo no solamente el ciclo desde 2016 sino todo el mercado alcista desde 2009. Obviamente este escenario implicaría un proceso bajista mucho más importante en tiempo y retroceso.

En Europa la situación de partida es diferente ya que los máximos los marcaron los índices hace ya bastantes meses y ya habían empezado a corregir hace tiempo. La consecuencia es que en Europa el objetivo más probable para la corrección sería volver sobre los mínimos de 2016 (Ibex 7.600, Eurostoxx 50 2.700, etc.), niveles que implican caídas adicionales del orden del 10% o algo más.

Respecto a la estructura de largo plazo en Europa en general seguimos atrapados en una gran estructura lateral desde el año 2.000. El último intento alcista en 2016/17 ha vuelto a fracasar en su intento de romper al alza esa estructura lo que no es una señal positiva precisamente y refuerza la idea de que la actual corrección va a prolongarse en busca de los mínimos de 2016 que fueron el origen de ese tramo alcista.

Un repaso a los indicadores de sentimiento refuerza la idea de que todavía no se dan las condiciones para un suelo importante inminente, tal vez sí algún intento de rebote de corto plazo. En general creemos que todavía tenemos por delante algunas semanas, tal vez unos pocos meses, para completar la corrección y el proceso de formación de un suelo.

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Comentario de mercado

Los mercados entran en una nueva fase de turbulencias. Octubre ha hecho honor a su fama de mes propicio para las caídas y desde principios de mes las Bolsas han entrado en una fase de intensas caídas similar a la que vivimos en el mes de febrero. Al igual que entonces, el inicio de las caídas se ha asociado al repunte de la rentabilidad de los bonos en EEUU, pero una vez la corrección va tomando fuerza el motivo es un sentimiento más difuso sobre el conjunto de incertidumbres y la posibilidad de un próximo deterioro del escenario económico. Como siempre que hay una corrección, es difícil saber hasta qué punto estos temores van a concretarse en próximos meses, lo que nos situaría en un escenario muy negativo para los mercados, o bien van a resultar infundados y la economía va a continuar su fase expansiva en los próximos años, en cuyo caso estaríamos ante una corrección más o menos importante pero que tendría una rápida recuperación cuando finalice.

Los sectores de crecimiento y “small caps” los más afectados por la corrección. La caída de las últimas semanas se ha originado en EEUU y ha arrastrado a la mayoría de índices de países desarrollados que han tenido retrocesos similares, del orden del 7-8% hasta ahora. Por sectores han sido en general los que habían mantenido un tono más alcista hasta ahora los que más han caído esta vez: tecnología, industria, consumo, small caps…Por el contrario, alguno de los sectores más débiles en los últimos meses como las Telecos se han mantenido mejor en la tormenta. Podríamos interpretar este comportamiento como que estamos en la fase final de la corrección que se inició a finales de 2017 en Europa y principios de 2018 en EEUU. La caída de los líderes del mercado que habían seguido marcando nuevos máximos en los últimos meses sería el factor necesario para completar la fase correctiva y preparar el mercado para la reanudación del mercado alcista de largo plazo más adelante.

Las incertidumbres sobre la economía. No es fácil anticipar la llegada de una recesión. Normalmente durante una fase expansiva siempre hay incertidumbres sobre su continuidad y fases de desaceleración que sitúan los indicadores en niveles casi de recesión. Muchas veces la economía se recupera de esa situación hasta que eventualmente se entra en una recesión. En el momento actual los indicadores de la economía americana están más bien en máximos y su economía crece a un fuerte ritmo por lo que no parece razonable temer una recesión en el plazo de 1-2 años. En Europa los indicadores se han desacelerado y podría haber más dudas pero la probabilidad de momento sería muy baja. Sigue leyendo