El rebote se enfrenta a su primera prueba importante.

A finales de diciembre se inició un rebote en las Bolsas mundiales que puso fin a dos meses de intensas caídas. Estamos asumiendo que este rebote es el inicio de una nueva fase alcista en las bolsas que debería tener continuidad en los próximos meses/años. Después de cuatro semanas de avances esta semana se ha producido una primera corrección significativa que puede considerarse normal tras las últimas subidas. Los inicios de un movimiento alcista no son fáciles porque los factores que han ido favoreciendo el proceso bajista siguen vigentes y al principio no podemos estar seguros de si estamos en un simple rebote, uno más de la larga serie de rebotes fallidos de los últimos meses, o realmente estamos en un cambio de tendencia sostenible.

El retroceso de estos días se está produciendo en un entorno de noticias económicas muy negativas en Europa. En pocos días se ha publicado la mayor caída de ventas minoristas de la eurozona en un mes desde hace siete años, el peor dato de pedidos de fábricas en seis años, o la mayor caída de la producción industrial desde la Gran recesión en 2009. Ayer mismo la Comisión Europea rebajó las expectativas de crecimiento de la eurozona de forma significativa: 1,3% en 2019 (anterior 1,9%) y 1,6% en 2020 (anterior 1,7%). ¿Es posible seguir asumiendo un suelo de las Bolsas en esta situación? La experiencia nos dice que el suelo de las Bolsas se produce en el momento de mayor intensidad de una recesión o desaceleración. En consecuencia si es posible que se haya formado un suelo pero es imposible estar seguros porque depende de cómo evoluciones la economía en los próximos meses. En este sentido estamos ante un período de máxima incertidumbre en el que el mercado puede fluctuar con gran volatilidad hasta decantarse definitivamente por un escenario de recuperación o bien de continuidad bajista.

En los índices norteamericanos es más fácil asumir que efectivamente el suelo ha quedado atrás. Tras subir un 20% desde los mínimos de diciembre es razonable asumir que en cualquier momento puede producirse una corrección de cierta importancia sin poner en cuestión el escenario general de recuperación. Un retroceso del 50% de la subida reciente significaría una caída del orden del 7-8% hacia el 2.550 el S&P 500 o el 6.650 del Nasdaq Composite. El problema en Europa es que un retroceso de esa magnitud (7-8%) nos devolvería a los mínimos recientes. En consecuencia, no podemos descartar de momento que el escenario de formación de un suelo en Europa incluya la posibilidad de revisitar los mínimos recientes o incluso caer algo más.

La magnitud del retroceso actual nos va a dar una primera pista sobre la situación de los mercados europeos. Si de momento se mantiene el impulso alcista no deberíamos caer más allá del 3.050 del Eurostoxx 50 o el 8.630 del Ibex. En ese caso el proceso de consolidación de los próximos meses se desarrollaría más bien entre esos niveles y las zonas de resistencia del 9.400 (Ibex) t 3.260 (Eurostoxx 50). Por debajo de esos niveles habría que contar con un escenario algo más complicado hacia la zona de mínimos recientes al menos y posiblemente algo más abajo.