Volver a empezar.

Demasiado bonito para ser verdad. El escenario alcista en que estábamos instalados, con los principales índices europeos y americanos marcando máximos históricos, ha sido anulado bruscamente por un repentino desplome. Quizás lo más peculiar de esta caída ha sido, no tanto su intensidad, sino el hecho de que se haya iniciado de forma repentina desde niveles máximos. Normalmente los procesos de pánico como el actual tienen unos prolegómenos, unas caídas iniciales que van acelerándose gradualmente y se precipitan al perderse un nivel de soporte crítico que abre los ojos a la mayoría de que se abre un riesgo bajista. En este caso no ha habido prolegómenos en forma de caídas previas. Más bien al contrario, una sucesión de nuevos máximos con superación de resistencias incluidas dejó paso de la noche a la mañana a un desplome cercano al 15% en una semana.

El detonante de las caídas parece encontrarse en la confirmación el fin de semana del 25-26 de febrero de que el contagio del Coronavirus había cogido fuerza fuera de China. En concreto tres países -Corea del Sur, Italia e Irán- registraron brotes importantes con un aumento exponencial de los contagios que se han mantenido hasta hoy. A partir de entonces se están registrando casos en la mayoría de los países del mundo, aunque de momento de forma limitada. En Europa es donde está empezando a registrarse un aumento preocupante en algunos países (entre ellos España) en que, sin llegar todavía a las cifras de Italia, existe el riesgo de que acabe produciéndose una situación similar. El escenario de recuperación económica que estaban descontando los mercados, y que los datos habían empezado a confirmar, se ha visto quebrado de un plumazo y ahora se espera que las medidas de control de la epidemia provoquen una recesión global durante un trimestre al menos.

La cuestión es que vendrá después: ¿una rápida vuelta a la normalidad y al escenario de crecimiento que asumíamos hasta hace poco, o bien un escenario de crecimiento débil semi-deflacionista? Desde luego en el primer caso la recuperación de la Bolsa debería ser rápida pero ahora mismo hay demasiada incertidumbre para apostar por ese escenario. La nueva recaída de los sectores cíclicos y los nuevos mínimos históricos de rentabilidad en los bonos americanos apuntan de momento a un claro temor a un escenario de debilidad económica más allá de una crisis puntual por el coronavirus. Es probable que esto sea un exceso de pesimismo de los mercados, pero a corto plazo va a tardar en desaparecer.

Desde un punto de vista técnico, la corrección ha consistido hasta el momento en retroceder en su totalidad el último tramo alcista que tuvo su origen en el verano pasado. Esa subida estuvo alimentada por las expectativas de recuperación de la economía tras casi dos años de desaceleración por la guerra comercial. Estamos por tanto cerca de una primera zona de soporte importante en la que podrían estabilizarse los índices en las próximas semanas para más adelante intentar una vuelta a un escenario alcista. Esto implicaría un escenario de alta volatilidad, pero más bien lateral (caída adicional no mayor del 5%) durante unos pocos meses antes de una recuperación sostenida. Sería volver a empezar desde la situación del verano pasado en que los mercados empezaron a confiar en el fin de la desaceleración económica y en un escenario de crecimiento de los beneficios.

Un escenario alternativo sería que la caída se profundizara hasta los mínimos de diciembre 2019 o junio 2016 según los índices (esto implicaría una caída adicional todavía importante). Este escenario sería bastante doloroso y además pondría sobre la mesa la posibilidad de un escenario tipo fin de ciclo con una posible recesión más duradera. No es el escenario que vemos más probable, pero a veces antes de que acabe una corrección todo tiene que verse muy muy negro para que se produzca un suelo.

En China la situación parece controlada después de las medidas drásticas de control que se tomaron. En Europa en cambio estamos iniciando una fase de expansión que aparentemente está detrás de la caída de los mercados.

Italia ha sido el brote importante en Europa, y el mercado parece temer que se extienda al resto de Europa. Los datos no lo corroboran todavía, pero tampoco lo descartan.

Los grandes techos de un fin de ciclo suelen ser procesos de larga duración en los que las ventas de pánico no aparecen hasta que la ruptura de los últimos soportes relevantes hace “evidente” a la mayoría que el mercado está inmerso en un proceso bajista. En los primeros meses tras el techo la caída es lenta con rebotes frecuentes ya que sigue dominando la percepción de que la tendencia alcista de largo plazo sigue vigente.

Una estructura alternativa sería ver los ínidces europeos enmarcados en un canal alcista de bastante amplitud y pendiente suave. Esto nos mantendría en un escemario alcista para el futuro aunque con una moderada rentabilidad dada la suave pendiente del movimiento.